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The Jared Padalecki Untitled Project (6/10)

Mi regalo de Navidad para los seguidores de esta historia en general, y para deraka en particular, como compensación por lo mal que se lo he hecho pasar xD. Ponte buena pronto, fiancée.

Título: El proyecto sin título de Jared Padalecki
Título original: The Jared Padalecki Untitled Project
Autora: sometimesophie
Pairing: Jensen Ackles / Jared Padalecki
Rating: PG
Disclaimer: Jensen y Jared no nos pertenecen, se pertenecen el uno al otro. La magnífica historia es toda ella obra de la susodicha sometimesophie. Yo solo traduzco y hago squee con su talento.
Resumen: Tras la cancelación de Supernatural, Jensen y Jared no se hablan. Pero una peli es una peli, y a Jensen de verdad que le viene muy bien el dinero.

~ Capítulo 1 ~
~ Capítulo 2 ~
~ Capítulo 3 ~
~ Capítulo 4 ~
~ Capitulo 5 ~




El proyecto sin título de Jared Padalecki ~ Capítulo 6


–Joder –dice Jensen–. Joder, joder, joder. Perdón. Joder.

El “¡corten!” llega después de una de esas pausas irritadas sólo reconocibles para alguien con años de experiencia cagándola delante del equipo de grabación: no tan larga como para hablar, pero más que suficiente para un par de suspiros audibles y que los cámaras intercambien miradas exasperadas. Jensen se pasa una mano por la cara y hace una mueca ante el tacto seco y tirante del maquillaje, incapaz de culparles. Detrás de los focos centrados en el decorado, el cielo se ha ido oscureciendo poco a poco en las últimas dos horas y media, y se suponía que Jensen debía estar en casa hace cuarenta y cinco minutos. Estaría quejándose si no fuera por el hecho de que sabe que cuando Andrew se rinda por fin –y la verdad es que ahora mismo sería un momento francamente maravilloso–, él puede irse directamente a su tráiler, cambiarse y meterse en el coche sin mirar atrás. El equipo, sin embargo, tiene que quedarse a recogerlo todo y preparar el rodaje del día siguiente. Y les pagan menos que a él.

Jensen se lleva una mano al ojo y se frota las lentes de contacto con una mueca. Además, piensa, está el hecho sin importancia de que por una vez el retraso no es en absoluto técnico. Entre los dos, Jared y él han desperdiciado Dios sabe cuántos metros de film hoy, y cada cinco minutos que pasan grabando van seguidos de diez minutos en que Andrew explica con paciencia qué es exactamente lo que no le están dando. Es frustrante como ninguna otra cosa, y lo peor es que Jensen sabe que es absolutamente necesario.

Echa un vistazo a Jared, que tiene la cabeza inclinada, los ojos cerrados, la boca moviéndose en silencio por su guión. Un mensajero se acerca y le ofrece tentativamente una botella de agua, todo educación y respeto, y Jared se aparta el pelo de los ojos, sonríe agradecido y gira el tapón. Traga con avidez una, dos veces, la cabeza inclinada ligeramente hacia atrás, y Jensen observa cómo se mueve su garganta, preguntándose qué pasa hoy que ninguno de los dos puede aguantar dos minutos sin cagarla. La semana pasada, podría haberlo entendido. La semana pasada –después de lo que Chris ha empezado a denominar cariñosamente como su “jodida fiesta de pijamas”, con un poco demasiado énfasis en la parte de jodida, el muy cabrón–, habría tenido sentido que Jensen tuviera problemas mirando a Jared directamente a los ojos o se hubiera trabado con el informal “que te jodan” de la escena cinco o, qué coño, que ni siquiera se hubiera presentado en el trabajo. Pero no; terminaban temprano, a Andrew lo llegaron a oír silbando, y Bob de administración le dio una palmada en el hombro y dijo “así que no eres sólo una cara bonita, ¿eh? Sigue así. Mi mujer se pone retozona cuando llego temprano a casa”, con una sonrisa. Obviamente, piensa Jensen, es todo por el puto karma.

Jared baja la botella, la vuelve a levantar, e inclina la cabeza hacia él.

–Tío, no me quitas ojo –dice, con una sonrisa cansada–, sólo tienes que pedirlo –le pasa la botella, y Jensen la atrapa con una mano.

En realidad no tiene sed, pero tiene la boca casi seca, así que asiente y murmura “sí, gracias” mientras desenrosca el tapón. Bebe con los labios cerrados alrededor del plástico frío y húmedo, pensando la boca de Jared ha estado en esto, y está bastante seguro de que la idea debería provocar alguna clase de reacción, pero no recuerda muy bien cuál. Cuando ha terminado vuelve a taparla y la devuelve.

–Gracias –dice otra vez, y Jared le mira de tal manera que Jensen se pregunta si también está pensando en el maldito plástico compartido. Se pasa la lengua por los labios, algo tímido, y aparta la mirada.

Veinte minutos más tarde, después de una charla inspiradora con Andrew sobre la motivación y los bloqueos, empiezan donde lo han dejado. No han pasado ni tres minutos cuando Jared estropea una frase, parece que va a maldecir y luego empieza a reírse con fuerza. Después de un momento Jensen se le une por lo estúpidamente ridículo que es todo, y porque Jared tiene una de esas risas que se contagian. Kim los amenazó una vez con mandarlos a distintas esquinas de la habitación hasta que pudieran controlarse.

Andrew sacude la cabeza y habla con un suspiro resignado.

–De acuerdo. Bueno, supongo que lo dejamos aquí, entonces –dice, ante un aplauso tardío del equipo.

A Jensen empieza a dolerle el estómago, y fuerza a su cara a parecerse a algo como una disculpa, seria y profesional, conteniendo la risa. No puede mirar a Jared, que intenta reprimirse emitiendo sonidos entrecortados y amortiguados contra su brazo, porque sabe que si lo hace sólo se pondrá peor. Es un hombre adulto, por el amor de Dios.

~

En el camino de vuelta a los tráileres, la voz de Jared sigue agravada por la risa cuando dice “joder, eso ha estado fatal”.

–¿Tú crees? –dice Jensen, poniendo los ojos en blanco en la semioscuridad, su buen humor esfumado. Ha estado en el set durante unas diez horas, y el cansancio empieza a alcanzarle. Hay arcoíris borrosos alrededor de las luces halógenas del sendero, y le pican los ojos–. Tendremos suerte si se pueden usar cinco minutos de ese carrete.

–Sí –Jared se queda en silencio, y el único sonido entre ellos es el de sus pisadas sobre las baldosas. Luego dice–: Por un buen motivo, claro.

–¿Que eres gilipollas?

Jared le ignora.

–Que no hemos practicado esa escena en semanas. Una práctica completa, quiero decir. Sólo tú y yo –Jensen se pasa una mano por la nuca, tirándose un poco del pelo, y no contesta–. Así que –dice Jared, sin necesidad de que le animen– deberíamos volver a ensayar. Ya sabes, igual que antes de que empezara el rodaje –duda un momento, y mueve los ojos para considerar a Jensen por debajo del pelo–. Podemos hacerlo en tu casa, si quieres.

Jensen está bastante seguro de que preferiría no tener que pasar su cada vez más escaso tiempo libre con Jared además de las horas que pasan juntos en el rodaje, pero sabe que Jared está pensando en la última vez que estuvo en su casa, y tuerce la boca.

–Nah –dice tras un momento, de mala gana. Que le aspen si va a dejar a Jared pensar que el incidente le ha molestado aunque sea un poco, porque definitivamente no lo ha hecho–. Tu casa está mejor. Tenemos espacio para practicar, así que… –se encoge de hombros. Si puede ahorrarse otro día como hoy, mucho mejor.

Llegan a los tráileres en un silencio que podría pasar por compañerismo, y Jared sube sus escalones.

–¿Este fin de semana? –pregunta, apoyando casualmente un hombro contra la puerta y bajando la mirada hacia Jensen. Su cara queda extrañamente ensombrecida por la luz del tráiler, justo encima de su cabeza.

–¿Por qué no? –Jensen arrastra las palabras–. No es como si tuviera, ya sabes, vida o algo por el estilo –Jared sonríe.

–Bien. Pongamos las ¿diez en punto?

Jensen se gira hacia su propio tráiler.

–Tirano –dice, sin mirar atrás.

~

La cocina es cálida y brillante, y huele a ajo cortado y salsa boloñesa. Las persianas no están echadas, y fuera las luces de la piscina brillan en la oscuridad, bajo un cielo negro sin estrellas ni luna. Jared dice algo; Jensen, que en realidad no estaba escuchando, se toma un momento para apartarse de la ventana y decir “perdona, ¿qué?”.

Jared sonríe.

–Creo que le caes bien –hace un gesto con la cuchara, y Jensen vuelve la cabeza para encontrarse con los ojos solemnes de la nueva perra de Jared sentada delante de él, mirándole desde abajo con embelesada atención. Él pone los ojos en blanco, murmura “chucho estúpido” por lo bajo y se inclina en la silla para acariciarle detrás de las orejas.

Volviendo a su posición, observa a Jared haciéndose un lío al tratar de sacar un poco de espagueti de la olla para probarlos, y sonríe para sí, pasándose una mano por el pelo. Es extraño, esto. Sentarse cómodamente en el calor de la cocina de Jared, mirando a Jared cocinar la cena para los dos, y no sentir deseos de echar a correr. Cuando Jared sugirió por primera vez que se quedara a comer, Jensen ya había empezado a decir su excusa antes de darse cuenta de que en realidad no quería volver a su casa fría y vacía un sábado por la noche. Así que cerró la boca, asintió, y Jared –que tuvo el gesto de no parecer demasiado sorprendido– preguntó si era lo suficientemente hombre para un poco de chili.

–¿Tu chili? –preguntó Jensen, dubitativo–. Tío, ni Stallone es lo suficientemente hombre para esa mierda.

Y Jared le dio un puñetazo suave en el hombro y le dijo que se sentara y dejara de lloriquear porque hasta su abuela se había comido esa cosa. Luego se puso a hacer boloñesa, como si Jensen no fuera a darse cuenta.

–Esto ya está –anuncia Jared por encima del tintineo de los platos, y Jensen se levanta de la silla, aparta al perro de su camino con la pierna, y se acerca a ayudar. Coge los dos platos humeantes que Jared le ofrece y los pone sobre el mantel; luego vuelve a por el bol de queso y el rallador, mientras Jared echa vino tinto en dos vasos.

–Tiene buena pinta –dice al sentarse.

–Ya lo creo –contesta Jared, poniéndole el vino delante y acomodándose en su silla.

Los dos empiezan y, joder, piensa Jensen, sí que está bueno: caliente y sabroso, delicioso. Comen en silencio durante unos minutos, y Jensen no recuerda la última vez que le hicieron una comida casera en condiciones. Probablemente, piensa, allá a principios de marzo cuando visitó a sus padres en Texas por el cumpleaños de su hermana. Y Jensen cocina –no tanto como seguramente debería, pero cocina–, pero por alguna razón nunca sabe así de bien cuando lo hace él. Está bastante seguro de que Chris también sabe cocinar; es sólo que él prefiere la pizza y las tostadas de queso.

–Bueno –dice Jared, y se limpia la boca antes de tomar un sorbo de vino–. Ha ido bien.

–Sí –asiente Jensen–. No podemos hacerlo mucho mejor sin Dennis aquí –y no cree que llamar a Dennis Hopper por el nombre de pila, como dijo el viejo cuando se conocieron la semana pasada, vaya a dejar de gustarle. Sonríe, y se concentra en enrollar la pasta en el tenedor–. ¿Alguna observación para mañana?

Jared se encoge de hombros.

–Andrew ha dicho que quería centrarse en un par de las escenas cortas del principio, y luego llegar a la escena veinticinco para el final de la semana. Podría ser una buena idea empezar por ahí.

Jensen hace una mueca y Jared se ríe suavemente al ver su expresión.

–Eh, tío, irá mejorando. Las que no te gustan siempre terminan saliendo genial, ¿no te acuerdas? Fue una de las razones de que tuve que dejar de trabajar contigo.

Jensen levanta la vista bruscamente y el humor ya se está esfumando del rostro de Jared.

–Ya, lo que sea –murmura incómodo, mientras Jared dice “entre otras cosas” con un gesto amargo en los labios.

Jensen pide el queso. Jared se lo pasa. Sus dedos se rozan en el intercambio.

Jensen se toma su tiempo echándose parmesano por la comida, sin alzar la vista porque sabe que el puto Jared le está mirando, y sería hasta bonito si no fueran ellos dos. Empieza a sentirse de verdad muy cansado con todo esto, y desearía que unos espagueti a la boloñesa y un vino después de un día productivo pudieran ser sencillamente normales entre ellos. Los dedos que han rozado los de Jared están cerrados con fuerza en un puño, en su regazo.

–Mikey me llamó –dice Jared ante el silencio.

La noticia pilla a Jensen desprevenido.

–¿Sí?

–Sí. Dice que si ya hemos vuelto a hablar, hace demasiado tiempo que no lo vemos a él.

Jensen sonríe a su pesar y sacude la cabeza.

–Puede que tenga su razón.

–Eso es lo que yo le dije. Al parecer Tom y él están preparando una fiesta para dentro de un par de semanas. Sin negocios ni nada por el estilo. Sólo un poco de diversión. Dijo que deberíamos ir, de pareja.

Jensen resopla, sintiendo la frustración extenderse en su interior.

–No es el tío más sutil del mundo –dice, pasándose un poco con el tono. Jared sonríe ampliamente.

–Nunca ha sido el estilo de Mikey.

No, piensa Jensen mientras se pone salsa en el plato. Nunca ha sido su jodido estilo. La última vez que él habló con Rosenbaum fue cuando el tío le llamó la noche antes del estreno mundial de la segunda peli de Jared. Jensen había estado acampando delante de la tele, cambiando constantemente de canal y tragando cerveza con agresividad cada vez que oía una mención a Jared o su maldita película, así que no estaba del todo sobrio cuando el teléfono empezó a vibrar en su bolsillo.

–Vale, vale –dijo Mike, sin darle siquiera la oportunidad de soltar su habitual “¿qué?”–. Mira, no hay necesidad de que vengas a rogarme, ¿de acuerdo? Me paso a recogerte mañana y podemos ir al cine juntos. Hasta te dejaré sentarte en la fila de atrás para que puedas sacudírtela mirando el culo de Jared sin que nadie mire. Coño, ni siquiera miraré yo, si tanto te incomoda.

Jensen estaba tan furioso que tuvo que luchar por respirar.

–Que te follen –escupió, posiblemente queriendo decir exactamente eso más que nunca. Apagó el teléfono, apagó la tele, y se sentó en un silencio opresivo, escarbando con las manos en la tapicería del sofá, con el acento relajado y ligeramente burlón de Mike quemándole los oídos.

Odió a ese tío durante una semana.

–¿Siguen viéndose, entonces? ¿Él y Tom? –pregunta Jensen, alzando la cabeza para mirar a Jared–. Pensé que después de que cancelaran Smallville…

Jared se encoge de hombros.

–¿Esos dos? Haría falta bastante más que el final de una serie, tío. Cuando me los encontré en los Oscar, la mujer de Tom me contó que había invitado a Mike antes que a ella. No creo que lo dijera en broma, ¿sabes?

–Ya –dice Jensen, y no cree que Jared sea consciente de la crítica implícita.

Una vez los platos quedan vacíos, Jared le ofrece postre. Jensen suaviza la negativa con un chiste sobre la forma que tiene que mantener, y dice que ya va siendo hora de que se vaya a casa. Jared le acompaña a la puerta, y sigue ahí cuando Jensen echa un vistazo al retrovisor al salir del garaje, apoyado en el marco de la puerta, su contorno resaltado por la abundante luz que sale del vestíbulo.

Hundiéndose en el abrazo algo húmedo del asiento de su coche, Jensen enciende la radio. Se siente extrañamente relajado, y tararea sin prestar mucha atención un par de canciones que no conoce; luego sonríe, sube el volumen y empieza a cantar cuando suena algo conocido.

Cuando se para a pensar en ello, se da cuenta de que –en realidad– no se lo ha pasado tan mal.

~

Desde la llamada de teléfono, Mike sólo contactó con él una vez más:

si crees q lo sta haciendo x cualkier otro, voy yo mismo a dejart las cosas claras. 1 abrazo.

Jensen se quedó mirando el mensaje de texto durante un buen rato. Luego lo eliminó.

~

Jared maldice, tira la silla al suelo, y Jensen se queda de pie torpemente, no muy seguro de qué hacer.

Jared no estaba exactamente del mejor humor cuando Jensen llegó por la mañana. Murmuró algo de un dolor de cabeza al abrirle la puerta, y revolvió los armarios de la cocina hasta encontrar unas aspirinas que se tragó sin agua, desestimando con un gesto de la mano las palabras de Jensen cuando éste preguntó tentativamente si estaba bien. Jensen se había fijado en las dos botellas vacías de vino tinto en el escurridero –cuando se fue la noche antes, sólo habían llegado a los posos de la primera– y se imaginaba que era en su mayoría auto infligido, así que no se molestó en volver a preguntar.

–Esto es una puta mierda –dice Jared enfadado, pasándose una mano por el pelo.

Jensen se encoge de hombros, sintiéndose algo perdido. Nunca ha llegado a acostumbrarse del todo a que Jared diga tacos.

–Es sólo un mal día. Tal vez deberíamos tomarnos un descanso, y luego…

–No –dice Jared, interrumpiéndole bruscamente–. No es un jodido mal día. Es esta escena. Esta maldita escena. No funciona.

Jensen no dice nada, porque no hay mucho que pueda decir. Han ensayado la escena veinticinco cuatro veces y media hasta ahora, y las palabras empiezan a hacerse mecánicas y forzadas; los movimientos, falsos. Si Jared no lo estuviera diciendo, lo haría él. La escena no llega a cuadrar, y no importa qué cambien o durante cuánto tiempo lo discutan de antemano, nada parece mejorar. Lo único que consiguen es empeorarla.

Suspira.

–No sé qué quieres que diga. Lo hemos intentado todo…

–No –escupe Jared, sus ojos subiendo un momento hacia Jensen y luego apartándose–. No todo.

La expresión de Jensen se hace más dura.

–¿Qué? –dice, sospechoso.

La garganta de Jared se mueve en silencio durante un momento, y Jensen piensa que es posible que se niegue a contestarle. Luego se gira para enfrentarse a él por completo. La mirada de Jared es fríamente profesional cuando le mira, el mentón ligeramente levantado y las manos sueltas a ambos lados.

–Déjame atarte –dice con firmeza.

Jensen se toma un momento para absorber las palabras. Luego resopla.

–De ninguna manera.

Jared frunce los labios y se encoge de hombros.

–Entonces vete a casa, Jensen. Esto es una puta pérdida de tiempo.

–Eh –dice Jensen, adelantándose un paso y empezando a sentirse vagamente cabreado–. No puedes echarme toda la culpa de esto a mí. Que yo esté atado no va a marcar la mínima diferencia…

–¿No? –pregunta Jared–. ¿Crees que no me doy cuenta de cuántas veces se te olvida que no puedes moverte, Jen? Porque lo hago y lo haces y acaba con la concentración de los dos. Y entonces tú eres sólo tú y yo soy sólo yo y no me extraña que no podamos tomarnos esto en serio.

Jensen lo mira fijamente y Jared le devuelve la mirada, con un desafío en su postura y en su expresión.

–Está bien –dice Jensen entre dientes, al fin–, está bien. Lo que sea.

Jared sigue mirándole, y después de un largo silencio asiente lentamente.

–Voy a por la cuerda –dice, con la voz más suave de lo que la ha tenido en todo el día–. Espera aquí.

Como si estuviera esperando que Jensen echara a correr en cuanto salga por la puerta. Le observa irse con un cierto rencor, y luego se acerca y levanta la silla que Jared ha tirado, volviendo a colocarla en el centro de la sala. Se sienta y espera, nervioso e incómodo mientras se encorva en la silla, haciendo como que ser atado por Jared Padalecki no es algo tan grave. Como si no le importara lo más mínimo.

Se pregunta amargamente si Jared ha comprado la cuerda especialmente para esto.

Cuando Jared vuelve a aparecer por la puerta, Jensen fuerza una sonrisa y dice “vamos a quitarnos esto de encima, ¿no?”.

–Vas a tener que sentarte derecho –dice Jared a modo de respuesta, mirándole con ojo crítico mientras se acerca a la silla, con la cuerda enrollada en torno al brazo. Jensen pone los ojos en blanco y hace lo que se le dice, colocando la espalda firmemente contra el respaldo–. Bien –dice Jared, acuclillado tras él. Sus dedos cálidos vagan por el antebrazo desnudo de Jensen desde la izquierda–. Las manos.

Jensen no se permite a sí mismo dudar, no se permite pensar. En lugar de ello pone los brazos alrededor del respaldo de la silla, juntando las muñecas tras él sin comentarios. Una de las manos de Jared las atrapa, presionando con fuerza y obligándole a hacer una mueca al aumentar la presión sobre sus hombros.

Jensen siente un escalofrío cuando el tejido frío y resbaladizo de la cuerda le roza la piel, y Jared murmura “quédate quieto” mientras enrolla la cuerda con fuerza, envolviendo con ella las muñecas de Jensen una y otra vez y pasándola entre los palos de madera de la silla, haciendo el movimiento imposible.

–Ya está –dice por fin. Sus dedos se mueven suavemente sobre la carne atrapada de Jensen, deteniéndose sobre la piel sensible–. ¿No estás incómodo? –pregunta–, ¿no está demasiado fuerte?

Jensen se mueve un poco, comprobando la resistencia de los nudos. Las manos le laten al ritmo del corazón, y el respaldo de la silla está incómodamente duro, clavándosele en los brazos en el punto en que los hombros se giran hacia atrás, pero podría estar mucho peor.

–Está bien –dice secamente.

Jared se levanta y se mueve alrededor de la silla, inclinándose delante de Jensen.

–Las piernas –dice, y Jensen rechina los dientes y abre los muslos, colocando los pies de manera que sus talones quedan por la parte de fuera de las patas de la silla. Quiere decir que esto es innecesario, pero no lo hace; se limita a mirar con incomodidad mientras Jared enrolla hábilmente la cuerda en torno a sus tobillos y pantorrillas, atando con la suficiente fuerza como para que frote su piel con rudeza, pero sin llegar a hacerle daño. Jared le lanza una breve sonrisa cuando termina, levantándose con un asentimiento y un “listo”, y Jensen comprueba con disimulo la firmeza del nudo, encontrándolo fuerte.

No le hace especialmente feliz.

–Jared –dice, y su voz suena grave en sus propios oídos. Espera a que Jared le devuelva la mirada–. No me importa por qué parte de la escena vayamos, o qué estemos haciendo, pero si digo que quiero que me desates, me desatas. ¿Queda claro? –y, si se para a pensar en ello, tal vez debería haber aclarado ese punto antes de permitir que Jared lo atara, porque ahora Jared está ahí y él está aquí, y hay tanto entre ellos, tantas cosas que Jensen le debe a Jared y que Jared debe a Jensen, y ¿no sería éste el momento perfecto para ponerse a ajustar cuentas? Cuando Jensen está jodidamente indefenso y Jared tiene todo el control y…

La mirada que Jared le dirige parece algo exasperada.

–Obviamente, Jen –dice–. ¿Empezamos?

Jensen encaja la mandíbula. Empieza a encogerse de hombros automáticamente, y hace una mueca ante el crujido de sus huesos.

–Sí –dice, con voz tensa–. Veamos si esto sirve para algo.

Jared asiente y le rodea, saliendo de su campo de visión; incluso aunque Jensen quisiera, no podría girarse para seguir sus movimientos. Se queda sentado en silencio durante un momento, retomando valor. Lentamente se pone en tensión respecto a la cuerda, y piensa oscuro, frío, sótano, voy a morir.

–Eres un cabrón –deja escapar, furioso. Una pausa, y se revuelve contra las cuerdas, y tal vez Jared tenía razón. Tal vez esto sí era todo lo que necesitaba, porque cuando dice–: No vas a salirte con la tuya, ¿me oyes? –el pánico ya está asentándose, y queda como un peso desagradable en su intestino–. Suelta… Tom, maldito cobarde, suéltame.

–Tú lo has querido, Dave –dice Jared, calmado y tranquilo, y Jensen quiere desencajarle la mandíbula a Tom, ese bastardo arrogante, porque y una mierda ha querido él nada. Esto es culpa de Tom. Tom le ha arrastrado hasta aquí. Por qué cojones debería él…

–No puedes ir en serio con esto –y sigue muy cabreado. Se revuelve con fuerza contra las cuerdas, agradeciendo que le quemen alrededor de las muñecas porque eso demuestra que está haciendo algo, rebelándose, intentando escapar. Pero las cuerdas no ceden, y está jadeando para cuando se deja caer, sabiendo que no puede hacer nada–. Me matarán, Tom –dice, algo más bajo. Gira la cabeza en la dirección en que cree que está Jared, intenta desesperadamente echarle un vistazo–. Sabes que lo harán. Si me encuentran así me pondrán una pistola en la cabeza y dispararán. Joder. Van a…  esparcirán mi cerebro por toda la puta pared –le quema la garganta, y no tiene que fingir la amargura de su voz cuando dice–: Oh, mierda.

Espera. Es el turno de Jared –conoce el instante exacto en que debería pasar rozándole, porque ya han ensayado esta escena demasiadas veces hoy–, pero Jared no viene. El momento se alarga, y Jensen gira la cabeza de un lado a otro, tratando de encontrarle. La sangre le golpea en los oídos, las manos le empiezan a doler de verdad, y sabe que está entrando en territorio peligroso cuando ya no puede distinguir el pánico de Dave del suyo propio.

Cuando los dedos de Jared recorren la curva de su cuello, se sobresalta con tanta fuerza que casi se disloca algo.

–Jesús…

–Tiene que ser así –dice Jared suavemente, ignorando por completo su desliz. Durante un momento, su mano se cierra alrededor de la nuca de Jensen, y la yema del pulgar le toca en el hueco tras la oreja; Jared siempre ha mantenido que Tom necesita tocar a Dave en este punto de la escena, necesita recordarse a sí mismo y a la audiencia que en realidad sí le importa, pero, joder, piensa Jensen, está tocar y está intimar.

Justo cuando está a punto de salir del personaje y decirle a Jared que se aleje de una puta vez, Jared le aprieta suavemente el cuello, y luego el calor de su mano desaparece. Jensen gira la cabeza y puede ver las piernas de Jared, las zapatillas de Jared, y está tan cerca de él que podría apoyar la cabeza en su estómago, si quisiera. Le pone de los nervios, porque no puede hacer nada al respecto. Se nota increíblemente sensible ante el rasgar de la cuerda con su piel, ante su propia respiración irregular y el cada vez más rápido latido de su corazón.

–No –dice, más bajo de lo que pretendía–. De veras, de veras que no tiene que ser así –suena más como una súplica de lo que nunca ha sonado.

Hay un ruido suave y entrecortado desde atrás, y entonces Jensen se mueve, su mano rozándole la curva del codo cuando rodea la silla. Sin embargo, no se detiene a su lado para arrodillarse, como de costumbre. En lugar de ello se para directamente delante de Jensen, piernas firmes y manos relajadas a los lados, sólido y dominante, y Jensen traga saliva antes de levantar la vista para encontrarse con su mirada, porque nunca lo han hecho así antes.

La expresión de Jared es ilegible, pero sus ojos recorren los rasgos de Jensen en un modo que hace que la sangre golpee con más fuerza y el calor se extienda por su cuerpo. Intenta cambiar de posición, pero las cuerdas están atadas con la fuerza de siempre en torno a sus muñecas y piernas, y no está del todo seguro de estar agradecido por ello, o no.

–Sí tiene –dice Jared, y la mente de Jensen se atranca, tratando torpemente de recordar la escena–. Es la única forma de atrapar a estos tíos.

Se acerca un paso más, de manera que está de pie entre las piernas de Jensen, y luego se inclina hacia adelante colocando las palmas sobre los muslos de Jensen. Sus manos son cálidas y amplias, y Jensen no puede respirar. El rostro de Jared está tan cerca al suyo que cuando dice suavemente “lo siento”, rompiéndose por momentos y con ojos inseguros, Jensen siente su respiración en la piel.

Entonces Jared roza suavemente con sus labios secos los de Jensen. Sus dedos se clavan ligeramente en los muslos de Jensen, y cuando él no se aparta inmediatamente del contacto dubitativo, Jared emite un sonido desesperado al fondo de la garganta y se acerca más, una mano subiendo para enredarse en torno a la cara de Jensen, acercándole con cuidado, profundizando el beso.

Cuando por fin se aleja, algo jadeante, sus ojos buscando una reacción en el rostro de Jensen, éste le devuelve la mirada.

Muy calmado, dice:

–No puedo volver a hacer esto.

Jared se queda helado.

Jensen aprieta los labios, tratando de ignorar el hormigueo de la carne hinchada.

–Desátame, por favor –dice, y esta vez su voz tiembla un poco.

Jared se queda donde está durante un momento largo, con una mano sobre el muslo de Jensen y otra quieta sobre su cara; luego toma una respiración profunda y se endereza con frialdad, evitando mirarle directamente. Sin una palabra, se va detrás de Jensen y empieza a desatar los nudos con movimientos bruscos y cortantes que le molestan en unas manos ya doloridas y con pinchazos. Cuando la cuerda cae al fin, Jensen se lleva las manos al frente, acunándolas frente al pecho mientras las frota y trata de moverlas.

Jared sale de la habitación sin volver a dirigirle la mirada.

Entumecido, Jensen se agacha y se pone a luchar contra los nudos que le rodean las espinillas. Le lleva más tiempo del que debería, y antes de haber terminado las manos se le han vuelto torpes debido a temblores incontrolables. Cuando termina, se deja caer en la silla y observa sus rodillas con la mirada vacía durante un largo momento. Luego encaja la mandíbula, se pasa el dorso de la mano por los labios, y se levanta.

Sale de la casa. No ve a Jared por ninguna parte.

~

 
~ Capítulo 7 ~


Al resto de vosotros, me limitaré a desearos unas felices fiestas ^^

PD. Mi progenitor se ha ido a Barcelona y se ha dejado los billetes de vuelta. Un aplauso para él xDDDDDD

Comments

( 16 daimonions — Mata un espanto )
purple_allure
Dec. 25th, 2008 10:22 pm (UTC)
Soy FELIZ ^_____^
ronnachu
Dec. 25th, 2008 10:26 pm (UTC)
De nada xDDD
irene_adlerr
Dec. 25th, 2008 11:58 pm (UTC)
Yo debería empezar desde el principio a leer, pero ahora la postresaca me puede. :(

Pero vamos ante todo: FELIZ NAVIDAD!!!!Besicos ;-)
ronnachu
Dec. 26th, 2008 08:11 pm (UTC)
Mujer, no hace falta, yo con que te pases a saludar soy feliz xD Merry Christmas!
anamistica
Dec. 26th, 2008 02:29 am (UTC)
YAY!!!!
Al fin ^___^
Feliz Navidad
ronnachu
Dec. 26th, 2008 08:21 pm (UTC)
Me alegra que te alegres xD. ¡Felices fiestas!
catoute
Dec. 27th, 2008 09:30 pm (UTC)

Me he reenganchado!!! YAY!!!

Menos mal que me has puesto los links de los otros capítulos porque estaba más perdida que una cabra en un garaje, que sería capaz de sobrevivir a base de comer plásticos durante una semana...

Ejem... sigue dándome droga, pliz... xDDDD
Besos!
ronnachu
Dec. 27th, 2008 09:54 pm (UTC)
Estás muy mal, tía, me das miedo xDDD Te traeré droga prontito, ¿vale? Mientras tanto, métete en la cama y duerme un poco. Mañana será un día mejor, ¿eh? Tranquila. xDDDDDDD
lalix_4ever
Dec. 28th, 2008 12:49 am (UTC)
De verdad que he llegado justo tiempo a la historia ^^
El capítulo está genial! Y con beso y todo, ya quiero ver sus reacciones y saber por que diablos se separaron.

Mil saludos Navideños y de fiestas!
Te he agregado a mi flist para leerte pronto :P, espero no te moleste.
Xau!
ronnachu
Dec. 28th, 2008 02:20 pm (UTC)
Pues sí, justo a tiempo. El problema es cuánto tendrás que esperar hasta el capítulo 7, que ahí ya no puedo darte previsiones xDDD

Te lo digo yo, ya: se separaron porque Jensen es tonto xDDD Es que no se permite a sí mismo ser feliz, el muy idiota. Me alegra mucho que te haya gustado.

Te agrego yo también para espiarte un poco, ¿vale? ¡Nos vemos en el siguiente!
nigmare
Mar. 24th, 2009 08:08 am (UTC)
Ser externo reportándose. Leí hasta aquí y quiero preguntarte si seguirás con la traducción para friendearte y estar pendiente de ella, o me veré obligada a leer el original con mi alergia al inglés incluida.

Como sea, espero que la continúes porque está bastante buena y está bien traducida. Te felicito por esto último.

Saludos.
ronnachu
Mar. 24th, 2009 07:33 pm (UTC)
Pues fíjate tú que esta misma mañana he tenido un momento *facepalm* porque me he acordado de que esto existía xDDDD Y he hecho voto de subir el próximo capítulo antes de que la Semana Santa se me vaya. Te aconsejo trackear por tags si quieres esperarme. No pienso abandonar el fic, pero voy traduciendo lentamente, tú decides si te expones al inglés xDDD

Muchísimas gracias por pasarte y comentar ^^
nigmare
Mar. 24th, 2009 08:23 pm (UTC)
Gracias por el consejo y por responder. Te esperaré. Como dije anteriormente, me gusta como traduces.

Nos vemos.
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ronnachu
Mar. 24th, 2009 07:35 pm (UTC)
Por curiosidad, ¿nigmare y tú os conocéis? Me hace gracia que nadie se pase por aquí en años, y lleguéis las dos juntas el mismo día xDDD

Me alegro de que te hayan gustado el fic y la traducción, a ver si no ves mucho cambio de estilo con el inglés. Y siento no tener aún el final, ya ves que lo tengo un poco abandonado xD ¡Muchas gracias por pasarte y comentar!
(Deleted comment)
( 16 daimonions — Mata un espanto )

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