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Bueno bueno, tras estas dos semanitas en que no me he pasado por esta zona del mundo (qué va, en absoluto), en que he estado totalmente centrada en mi muy importante RL (pero totalmente, ¿eh?) y no he echado ni un mísero vistazo ni a uno de vuestros elejotas (¡para nada!), vuelvo con cuatro mil palabritas más de El Proyecto. Hee. Es que suena muy genial. "Estoy trabajando en El Proyecto". Hee.

(Pero antes, que si no lo digo exploto, JuanPe me ha dicho que tengo el bloque proposicional (de cinco líneas, dude) entero PERFECTO y que soy la única. De hecho, nadie más lo ha terminado siquiera. Ronna 1 - Universo 0. Chúpate esa.)

(Dije que terminaba los exámenes en dos semanas, ¿no? Dos semanas, sí. Bueno, igual un poco puede que tal vez lo que pasó es que no había considerado mi estúpido perfeccionismo y mi totalmente irracional deseo de REPETIR LOS EXÁMENES QUE YA HE HECHO porque no puedo soportar tener menos de un nueve. Heh. Lo sé, soy genial.

*va a intentar suicidarse cortándose las venas con una cuchara*
*no tiene éxito*)

Título: El proyecto sin título de Jared Padalecki
Título original: The Jared Padalecki Untitled Project
Autora: sometimesophie
Pairing: Jensen Ackles / Jared Padalecki
Rating: PG-13
Disclaimer: Jensen y Jared no nos pertenecen ni a sometimesophie ni a mí, se pertenecen el uno al otro. La magnífica historia es toda ella obra de la susodicha sometimesophie. Yo solo traduzco y hago squee con su talento.
Resumen: Tras la cancelación de Supernatural, Jensen y Jared no se hablan. Pero una peli es una peli, y a Jensen de verdad que le vendría muy bien el dinero.

~ Capítulo 1 ~
~ Capítulo 2 ~

El proyecto sin título de Jared Padalecki ~ Capítulo 3

La primera vez que Jensen choca contra el pecho de Jared al girar, se cae hacia atrás, tropieza con el sofá y se estrella contra la mesita, tirando las dos tazas medio llenas de café tibio al suelo, no para de maldecir hasta que Jared deja de sonreír como si quisiera reírse, y el café ha sido absorbido por la alfombra y se ha secado.

La segunda vez, es agua en lugar de café y una de las tazas se rompe. Le da una patada a la pared y maldice un poco más.

–Este puto agujero es demasiado pequeño. ¿Cómo coño se supone que vamos a ensayar aquí?

–¿Sabes? –dice Jared, desde el sofá–, siempre podemos practicar en otro sitio.

–¿Sí? –contesta Jensen, agresivo y cabreado.

–Sí –dice Jensen con calma, y se encoge de hombros, mirando a Jensen con cuidado–. Mi casa está libre. Y es grande.

Jensen se endereza y le da la espalda. Casi irracionalmente, está enfadado con Jared pos sugerirlo siquiera, porque la casa de Jared no es territorio neutral y Jared lo sabe. Tras un momento de silencio incómodo, suelta un “No, está bien. Podemos apañarnos” educado y formal, ignorando el modo en que el suspiro de Jared suena casi como irritación, y camina hacia la mesita, poniéndola derecha antes de arrodillarse para recoger los añicos de porcelana.

–Te he roto la taza –dice en medio de la embarazosa situación–. Perdona. Coge la mía.

–Podemos compartirla.

–No. Está bien.

Han pasado tres días, y ninguno de los dos ha mencionado ni una vez la pelea. Chris resopló por teléfono cuando Jensen se lo contó, todo bilis y rabia, y le felicitó por la pelea más viril hasta la fecha (“Te peleaste por el honor de tu coche, tío. Ni siquiera yo he hecho eso nunca”), y por la noche Jensen se sentía confuso y un poco como un gilipollas. Pretendía disculparse al día siguiente –nada exagerado, solo un “culpa mía, soy imbécil” o algo así– pero Jared era todo sonrisas y carcajadas a la mañana siguiente, ya sentado en el sofá con café para él cuando llegó, y era demasiado sencillo coger el camino fácil, llevarle la corriente con la fingida levedad, pretender que no era forzada y escapar del golpe a su orgullo. Y si Jensen se arrepiente ahora de esa decisión solo un poquito, con las conversaciones entrecortadas y los silencios pesados que vienen con ella, es demasiado tarde para hacer nada al respecto de todas formas.

–¿Desde el principio? –pregunta, tirando con cuidado los restos de taza de las manos a la papelera junto a la puerta.

Jared suspira, dice “Sí, claro” y se levanta otra vez.

No les lleva mucho tiempo. Están en el último tramo, las palabras se hacen duras conforme la situación se vuelve más desesperada, y Jensen se pasea de un lado a otro con toda la frustración de Dave enroscada en su interior, lista para dispararse. Se gira bruscamente, y Jared está justo ahí otra vez, en su espacio personal, y es una reacción instintiva dar un paso atrás, alejarse, a pesar del aviso de Jared, “no...”. Su tobillo golpea la parte baja del sofá y cae hacia atrás; la mano de Jared está de repente cálida y fuerte en su muñeca, tratando de mantenerlo en pie, pero el impulso es demasiado enérgico y cae, tirando los casi dos metros de Padalecki encima de él.

El suelo no es suave y Jared no es ligero, y está mucho más cerca de él de lo que Jensen ha querido volver a estar nunca. Su rostro está enterrado en la curva entre el cuello de Jared y su hombro, un brazo apoyado en el suelo a su lado y pulsaciones regulares, mientras los dedos de su otra mano agarran el bíceps de Jared y empujan, tratando de quitárselo de encima.

–Quita de encima, coño –dice–. Quítat... –y luego ya no puede decir nada más porque el codo de Jared conecta de alguna forma con su abdomen y lo único que puede hacer es quedarse quieto e intentar respirar.

Jared –ambos codos sospechosamente bajo control– se aprovecha y sostiene su peso en las manos, una a cada lado de la cabeza de Jensen.

–Vamos –dice, sonriéndole con dientes blancos y prepotente satisfacción–. Mi casa tiene que ser mejor que esto –el hueso de su cadera está duro al clavarse en el estómago de Jensen, y tiene una pierna cálida y pesada entre sus muslos, sujetándolo.

Jensen aún no ha podido recuperar la respiración, siente los pulmones vacíos y heridos, y gruñe “Apártate de mí” con tanta bilis como puede reunir. Jared pone los ojos en blanco pero lo hace, estirándose y cogiendo la mano de Jensen para levantarlo.

–No estoy bromeando, Jen –dice sin soltarlo, para que Jensen no pueda alejarse inmediatamente como le gustaría. Tiene los ojos marrón oscuro y serios–. Mi casa o la tuya, me da igual. Cualquier sitio es mejor que esto.

Jared asiente, relaja los dedos lentamente y se aleja un paso. Jensen lo mira a los ojos un momento, luego aparta la vista. Frotándose deliberadamente la zona entumecida bajo las costillas, se deja caer al sofá y no contesta enseguida. Se plantea su propia casa, desordenada y abarrotada, con platos sucios de hace una semana aún en el fregadero y la escultura de la lata de cerveza en el rincón en que él y Chris aún trabajan cuando están lo suficientemente borrachos y aburridos. Y sabe que Jared es demasiado educado como para decir nada, pero eso no quiere decir que no vaya a estar pensándolo, y Jensen no está seguro de querer ver esa misma expresión momentánea en la cara de Jared – ¿vergüenza ajena?, ¿lástima? – que tenía cuando le enseñó el Mustang. Todavía le queda algo de orgullo, después de todo.

–Si no fueras tan jodidamente grande –refunfuña, sin ninguna convicción real. No logra cambiar la expresión de Jared, que sigue de pie, quieto, mirándolo expectantemente. Esperando.

–Vale –suelta Jensen por fin–. Tu casa. ¿Contento?

–Sip –dice Jared, una amplia sonrisa apareciendo en su cara.

Jensen no lo está, no especialmente. Pero la casa de Jared debe ser lo suficientemente grande como para prevenir más caídas de uno encima del otro, y eso, piensa Jensen amargamente, debería ser definitivamente su preocupación principal.

~

–Así que –dice Andrew, dedicando a Jensen un rápido vistazo por encima del cruasán. Son las tres de la tarde en un restaurante pequeño y silencioso al sur del bullicio de la ciudad, y Jensen ni siquiera sabía que se podían comprar cruasanes después de las once de la mañana–, cuéntame. ¿Cómo es posible odiar a un tipo como Jared?

Jensen se atraganta un poco con el sorbo de coca-cola que acaba de tomarse y mira rápidamente al director, cuya expresión plácida no ha cambiado.

–¿Quién te ha dicho que le odie? –pregunta, a la defensiva.

–Jared.

Jensen parpadea. Eso le sorprende. Había llegado al punto en que empezaba a preguntarse si Jared tenía acaso la más mínima comprensión de cómo se sentía respecto a él.

–¿Llegó a usar la palabra odio?

Andrew inclina ligeramente la cabeza, afirmando, y coge su té helado.

Jensen se reclina en la silla y se queda mirándolo en silencio un largo momento; trata de imaginarse a Jared abriéndole el corazón a este tío, y fracasa. Se pregunta qué le ha contado Jared a Andrew sobre él – sobre la historia entre él y Jared, lo que hay entre ellos – y frunce el ceño, incómodo con la idea.

–Odio no es la palabra adecuada –dice desdeñosamente, sin querer hablar de ello.

–¿Oh?

–No –dice abruptamente, y si suena grosero, le parece bien–. Pero no te preocupes. No interferirá con la película.

Andrew niega con la cabeza y toma otro trozo de cruasán.

–No es por eso por lo que lo preguntaba –dice suavemente. A Jensen le da la impresión de que desaprueba la situación –a él– y se traga una respuesta enfadada, como Jared me traicionó o ¿y tú qué sabes? o ni siquiera he querido nunca estar en esta maldita película. Andrew le cae bien, y que le cuelguen si lo que hay entre él y Jared va a entrometerse también entre el director y él.

–He estado pensando en Dave –dice, evitando el silencio incómodo–. En que sea más inteligente, como tú decías.

Se quedó despierto anoche pensando en ello. Releyó el guión entero, aunque la mayor parte era la mera formalidad de repasar las letras con los ojos, habiendo asociado muchas palabras y significados detrás de ellas de memoria. Después de media noche, creyó que lo tenía.

–¿Y? –los ojos pequeños y redondos de Andrew no dejan su rostro.

–Creo que tienes razón –dice Jensen, inclinándose adelante–. Pero no es la clase de gente que va presumiendo de ello, ¿sabes? A no ser que esté con Tom, claro, porque tiene ese deseo de probarse a sí mismo, sí, y eso implica ser todo lo desagradable y arrogante y listo que pueda ser.

Andrew asiente.

–Interesante interpretación. Me gusta –hace una pausa, frunce el ceño como si se abriera paso entre sus pensamientos, y se da un golpecito con el dedo índice en la barbilla–. Aunque tienes que tener cuidado con no definir a Dave solamente a través de su relación con Tom, Jensen. Es un factor importante, sí, pero no lo es todo. Dave no ha visto a Tom en tres años antes del contexto de la película, después de todo. Puede sobrevivir por sí mismo.

Jensen aprieta los puños bajo la mesa y asiente en silencio, avergonzándose de forma rápida y rabiosa. Como si Andrew estuviera acusándolo de pensar que el personaje de Jared es más importante que el suyo propio. Cambia de tema a la progresión del set, lo que tiene a Andrew quejándose inmediatamente de un miembro incompetente del equipo de producción llamado Jack. Jack, aparentemente, es su sobrino, pero eso no le habría salvado de encontrarse de patitas en la calle hace mucho tiempo si Andrew no estuviera tan asustado de la madre del chico.

Una o dos horas después, justo antes de que Jensen se levante para irse, Andrew le invita a cenar el sábado. Al parecer ya ha invitado a Jared, y es una tradición, dice; algo que hace con todos sus actores antes de meterse de lleno en un proyecto. Jensen acepta, se despide y sale del restaurante sintiéndose extrañamente agobiado y cansado.

~

Jared le deja la forma de llegar en el contestador, y Jensen encuentra la dirección por la mañana sin muchos problemas (cree que habría sido más difícil no haber encontrado la casa, considerando lo exageradamente enorme que es). Tiene que llamar para entrar, y una cámara encima de la verja de hierro se mueve para enfocarlo; la lente parece evaluarlo un largo momento antes de que la verja se abra lentamente. Jared sale en persona por la puerta delantera, indicándole que pase al garaje, y Jensen aparca en la fresca penumbra con las paredes pintadas de blanco, sintiéndose solo ligeramente ridículo al salir del Mustang y ver los dos Ferraris, el Aston Martin plateado y el Porsche aparcados al lado, todos brillando costosamente.

Al menos no son ocho, piensa, y vuelve a salir a la luz del sol, sonriéndole amargamente a Jared cuando llega hasta él cruzando el diferenciado camino de pizarra hacia la puerta.

–Hola –dice.

–Has venido –dice Jared, la sonrisa tan amplia como siempre, y la verdad es que suena sorprendido, aliviado, como si hubiera pensado que era más probable que Jensen fuera a atrincherarse en el cuarto de ensayos, sólo porque es un cabezota–. Pasa, pasa –dice, y conduce a Jensen por el camino del porche, a través de la sólida puerta de roble y al vestíbulo–. Te enseñaré un poco la casa. Este sitio es bastante grande y yo no paraba de perderme cuando me mudé –no hay nada de alarde en las palabras–. Te lo pondré más fácil. Si alguna vez quieres salir, sabrás el camino más rápido a la puerta.

Las palabras caen pesadamente entre ellos. Jared sonríe brevemente, se gira y avanza delante de Jensen, los pies descalzos contrastando con el color crema pálido de la alfombra. Jensen nota la tensión, la comprende, y la lamenta durante un momento. Recuerda lo que dijo Andrew –no ha logrado del todo sacarse la palabra odio de la parte de atrás de la cabeza– y también lamenta eso, de mala gana. Lo sigue.

Que le enseñen la casa de Jared es como ver un episodio de Cribs, solo que con la amargura añadida de la envidia real. Un salón marrón y crema, enorme, con ventanas que se extienden de pared a pared, en que se ve el agua reluciente de la piscina de fuera; el estudio, con mesa de billar y una pantalla plana de televisión en una pared, un montón de juegos de consola y cables tras ella; un cuarto con estanterías de premios, pósters promocionales enmarcados de las películas de Jared colgando de los muros, un escritorio impresionante con un portátil de Apple sobre la superficie de cristal y no mucho más; cinco habitaciones, cuatro cuartos de baño, un gimnasio y una cocina de cromo y terracota, con una enorme doble nevera de la que Jared saca zumo de naranja, que enseña a Jensen.

–¿Zumo? –pregunta. Jensen asiente, algo abrumado, y Jared se lo sirve–. Mira –dice–, tengo vasos –cuando le pasa uno a Jensen. Jensen le dirige una débil sonrisa de apreciación y sube el zumo a los labios, tragándose la mitad de una vez. Joder, hasta el puto zumo de Jared sabe mucho mejor que el suyo, fresco y dulce, y Jensen está intentando no pensar yo podría haber conseguido esto si no hubiera sido por ti pero solo es humano, después de todo. Empieza a desear haber discutido más para quedarse en su anterior posición.

Se oyen arañazos tras una puerta que tiene pinta de llevar fuera, y Jared murmura algo en voz baja, pone los ojos en blanco, y la abre para ser asaltado por una ruidosa e histérica espiral de colas que golpean y lenguas que lamen. Devuelve las caricias un momento, sonriendo y riéndose y frotando el pelaje brillante, antes de sacudírselos de encima y levantarse. Jensen no puede evitar sonreírle al zumo de naranja.

–¿Tres? ¿Cuál es la nueva adición? –pregunta, y se apresura a colocar el vaso en la mesa segura de al lado cuando la atención de los perros cambia y van hacia él, oliéndole las manos y tratando de saltarle encima. Reconoce a Sadie y a Harley, aunque no podía decir cuál era cuál cuando se paseaba por casa de Jared cada dos por tres, así que definitivamente no puede hacerlo ahora. La recién llegada es suave y elegante y dorada, con ojos oscuros, y hace más ruido que los otros dos juntos; una retriever, tal vez, aunque Jensen nunca ha entendido mucho de razas de perros.

Jared sonríe abiertamente.

–Josie. Solo es un cachorro, en realidad. Cuatro meses. Acaba de dejar de comerse los muebles. Pero todavía muerde.

Jensen retira las manos y le lanza una mirada asesina.

–No te preocupes –dice Jared noblemente–. Los encerraré aquí cuando practiquemos. Vamos.

Conduce a Jensen por el vestíbulo y a otro cuarto, lo suficientemente grande como para que quepan la habitación y la cocina de Jensen combinadas. Es espaciosa y aireada, las ventanas dejan ver los tres árboles –follaje exuberante y ramas enredadas, seguramente más viejos que la casa– que dan sombra a un lado del patio, bloqueando de la vista casi por completo el alto muro que rodea la propiedad. No hay nada bien cuidado ni antinatural y criado en vivero en ellos, y Jensen casi puede creerse que ya no están en Los Angeles.

–Este es el comedor, pero no lo uso mucho de todas maneras así que he sacado la mesa –Jared se encoge de hombros y dice casualmente–: Si no te gusta, siempre podemos probar con otro cuarto.

Jensen mira el sofá en el rincón que no encaja del todo con la gama de colores, la pequeña mesa colocada reflexivamente junto a él con un cuaderno y un lápiz y una jarra de agua helada preparada, las dos sillas contra un muro que van a necesitar para la quinta escena y luego otra vez para la vigésimo primera. No dice nada, simplemente asiente y se pregunta privadamente si Jared habrá ido comprobando todas las habitaciones de abajo, calculando cuál tenía la mejor acústica.

–¿Qué escena quieres hacer? –pregunta, levantándose sobre la punta de los pies y quitándose los zapatos. Se agacha, los recoge y los coloca junto a la pared, pensando que si Jared ha hecho un esfuerzo le toca al menos hacer lo que pueda para compensarlo.

–Tenemos sillas –dice Jared, con un gesto grandioso–. Hagamos escenas de sillas.

–Vale –Jensen se va a la página correcta y la deja abierta en el sofá; Jared y él se saben las frases de la quinta escena bastante bien –es del principio y no muy complicada– pero siempre es mejor estar preparado para joderla antes de que pase. Jared coloca las sillas en el centro del cuarto, una enfrente de otra pero no muy separadas, y se sienta en una. Jensen coge la otra e inmediatamente sube los pies a la silla del otro, cruzándolos a la altura del tobillo; el calor del muslo de Jared atraviesa su calcetín y llega al lateral de su pie. Jensen se sienta encorvado, mientras que Jared rota los hombros y mantiene la espalda recta porque, incluso borracho, a Tom Westbury le resulta difícil relajarse.

Jensen sabe que esta escena no es mucho más que para ir conociendo a los personajes, su dinámica y su pasado, pero le gusta mucho. Sí, están borrachos y sí, eso puede ser jodidamente difícil de hacer bien; pero si lo hacen, entonces, tío, esto va a ser increíble. Con humor, mordacidad y una conclusión que haga que todo empiece a rodar.

Se ponen manos a la obra, las palabras deslizándose con facilidad, embrollándose un poco a veces, con menos duda antes de preguntar y momentos de ebria reflexión antes de las respuestas. Jensen se ha emborrachado con Jared las veces suficientes como para reconocer que está utilizando sus propias experiencias: sentándose con la rigidez de Tom, diciendo las palabras de Tom; pero inclinando la cabeza a un lado ligeramente, jugueteando ausentemente con los dedos en el regazo, y eso es todo Jared. Le recuerda a los bares de Vancouver, a veces abarrotados y ruidosos y calientes, a veces solo él y Jared y una botella, y tartamudea sin convencimiento cuando tiene que hablar, casi desbordado por la nostalgia de entonces.

–¿Te caigo bien? –pregunta Jared, ojos centrados en la cara de Jensen con una intensidad que no es del todo correcta para lo borracho que se supone que está Tom.

Jensen parpadea lentamente, como considerando las palabras cuidadosamente.

–¿Y yo, te caigo bien a ti? –devuelve por fin, astutamente.

Jared frunce el ceño y se encoge de hombros desde su posición torcida.

–No sé –dice–. Sí, supongo.

Jensen deja escapar un ladrido de ruidosa risa desagradable.

–Y una mierda.

Los ojos de Jared se estrechan y aparta los pies de Jensen de su silla, levantándose bruscamente.

–Y me conoces tan bien, ¿verdad, Benson? –dice.

Jensen lo ignora.

–Es solo que no entiendo por qué has acudido a mí, de entre toda la gente –hace notar, más para sí que otra cosa, rascando la parte delantera de su camiseta. Luego–: ¿Qué coño? –frunce el ceño, y se gira bruscamente en la silla, como si oyera el timbre–, creo que hay alguien en la puerta –dice.

Jared pasa por delante de él –Tom sigue enfadado, borracho y algo vacilante– y espera un par de segundos antes de decir “puta hostia. Qué... no. No no no.

Jensen intenta con todas sus fuerzas no reírse y casi lo consigue cuando gira en la silla para mirar al otro.

–¿Qué? –pregunta Jared, saliéndose del personaje y ligeramente molesto.

–Tío, acaban de despellejar a tu gato y han colgado su cuerpo putrefacto de tu puerta delantera, y suenas como si estuvieras en el dentista. Eso ha sido una puta mierda.

–Que te den –dice Jared, una sonrisa apareciendo en la esquina de la boca–. Nunca me han gustado mucho los gatos.

Es cierto. Jensen cree que podría tener una charla con Andrew. No les llevaría a los guionistas ni cinco minutos intercambiar a Sooty por Fido, después de todo, y puede que fuera un poco cruel pero no cree que nadie pueda criticar la representación de Jared después de eso. A Jensen podría interesarle lo que pueden hacer los tíos de efectos especiales con un perro despellejado.

Decide no mencionarle la dirección de sus pensamientos a Jared.

Se toman un descanso y picotean rollitos de queso y uvas mientras discuten la escena vigésimo primera. Aún no la han desarrollado más allá de una lectura normal, y es la escena crucial en que Tom, el héroe, se vuelve mucho más ambiguo al atar a Dave y dejarlo abandonado ante lo que muy probablemente será una muerte extremadamente desagradable. Hay mucho odio en ella, mucho miedo, y Jensen personalmente piensa que es el verdadero clímax de la película.

Cuando Jared le pregunta si puede atarlo, sin embargo, para recoger la sensación de la escena, Jensen se niega en rotundo. Dice que necesita sujetar el guión porque no se sabe las líneas del todo bien. Y no se las sabe. No del todo.

~

El miércoles, Jared no acepta un no por respuesta, y mete a Jensen en el Porsche a empujones para llevarlo al estudio y que les tomen las medidas en el departamento de vestuario. A la vuelta paran en Starbucks, y Jensen sigue tratando de quejarse lo menos posible de lo que tiene que ser el peor mollete desde que se inventó el pan con chocolate cuando Jared deja el coche en medio del camino de entrada, dice “hostia puta” y empieza a sonreír como un maníaco. Se abalanza fuera del coche, no cierra la puerta, y va directamente a la casa, dejando a Jensen con el café en las manos y mirando fijamente el Jaguar azul aparcado en el sitio del Porsche en el garaje, con un sabor amargo en la boca.

Se quita el cinturón, cierra la puerta del coche tras él y, con un entusiasmo considerablemente menor que el de Jared, va hacia el porche y entra en la casa.

Dentro, Jensen sigue el ruido hasta el salón, y observa con frialdad cómo Jared y Chad se pelean rodando por el suelo. Cuando Supernatural llegó a su turbio final, Jensen no se hablaba con Jared, Chad Michael Murray quería darle una paliza a Jensen, Chris Kane dijo que él le daría una paliza a Murray si lo intentaba siquiera, y Tom Welling y Mike Rosenbaum se quedaron fuera del asunto. Cinco años después, algunas cosas aún no se han solucionado, y Jensen está solo un poquito en guardia respecto a Murray. Aparentemente, el tipo guarda rencor como nadie.

Se aclara la garganta y dice con seriedad:

–Eh, Jared, yo me voy. No querría interrumpir nada.

Jared levanta la vista, sorprendido, como si se hubiera olvidado de que había alguien más allí. Levantándose con gracia y ofreciéndole una mano a Chad, dice:

–Eh, no, no te vayas, Jen. Tenemos mucho tiempo para practicar un poco y si este tío –le da un codazo a Chad en las costillas, al parecer incapaz de dejar de sonreír de felicidad– cree que voy a dejarlo todo por ver su horrible cara, va listo.

Parece sincero, pero es que Jared tiene esa clase de rostro, piensa Jensen sin compasión.

–Aún así... –dice.

Chad se pone recto junto a Jared y le mira con indiferente frialdad. Al lado de Jared, el tipo parece bastante bajito, y Jensen está bastante seguro de que podría vencerlo si las cosas se ponen feas. Por la manera en que Chad le mira, piensa que podrían hacerlo.

–Jensen –dice cortantemente, con una breve inclinación de cabeza–. Me preguntaba de quién era el coche del garaje. Estoy buscando uno de esos yo mismo. Un buen trabajo el que se ha hecho ahí. Pensaba que podría ser del jardinero.

Chad –dice Jared, con expresión irritada.

Jensen sonríe apretando los dientes y la verdad es que le habría devuelto el golpe si no fuera consciente de que terminaría luchando por el honor de su coche. Otra vez. Y la verdad, piensa Jensen, es un hombre demasiado bueno para eso.

–¿Qué tal tu mujer, Chad? –pregunta amigablemente–. Tío, debe haber sido una putada no poder beber en tu propia boda, ¿eh? ¿Cuándo van a bajar la condenada edad para beber esos idiotas de la Casa Blanca?

–Está bien, Jensen –interrumpe Jared hablando alto, los dedos firmes sobre el hombro de Chad, sujetándolo–. Vamos a ensayar, ¿vale? –se vuelve hacia Chad y a Jensen no se le escapa la mirada cargada de significado que le dedica–. Ve a deshacer las maletas, tío. Estaremos en el comedor si quieres venir a vernos.

Chad resopla como si prefiriera que le arrancaran las uñas una a una, coge la bolsa de viaje del sofá y empuja a Jensen al pasar hacia las escaleras. Jensen le sigue con los ojos un momento, luego se gira y sigue a Jared al comedor, deseando huir de una puta vez y volver a su propia casa, que puede que sea pequeña y desordenada y cutre, pero sale ganando ante este sitio, con diferencia.

–Ah –dice Jared–, por cierto, Chad se va a Nueva York el domingo por la mañana.

¿Ein?, piensa Jensen, pasando ausentemente las páginas del guión y preguntándose por qué Jared cree que la noticia le interesa lo más mínimo. “Chad se va mañana” sería infinitamente mejor.

–Estaba pensando en invitarlo a la cena de Andrew –dice Jared, vacilante–. No te importaría, ¿verdad? Quiero decir, sería una putada que tuviera que pasar su última noche solo –mira a Jensen seriamente, como si tuviera la respuesta a la paz mundial en las manos.

Lo único que Jensen puede pensar es mierda. La vida es una puta rastrera.

~


~ Capítulo 4 ~

Comments

( 10 daimonions — Mata un espanto )
purple_allure
Jun. 7th, 2008 07:26 pm (UTC)
¡YAY! \o/ *Hace su bailecito de la felicidad*
ronnachu
Jun. 7th, 2008 07:28 pm (UTC)
YAY indeed!! *sale a bailar con ella*
anamistica
Jun. 8th, 2008 03:04 am (UTC)
AMÉ este capi *_____*

Jared de verdad, en serio, es inocente. mira que intentar que Chad y Jensen comparta en una cena.
Me partí de la risa con lo de la edad xDDD

Gracias por traducir ^^

Felicidades por lo del bloque y me alegro de que el suicidio con cucharas no dio resultado :P

Besitos
ronnachu
Jun. 8th, 2008 09:40 am (UTC)
Si es que es un inocentón! El pobre está convencido de que existen el bien en el mundo y los unicornios rosas y... ay, cómo le quiero. Y cómo quiero a Jensen y toda su rabia y burlándose de Chad xDDDDD

Gracias por leer!!

PS. No habré conseguido una muerte lenta y dolorosa, pero me duele el brazo que no veas. No te aconsejo intentar lo de las cucharas xDD
cyranabergerac
Jun. 9th, 2008 07:43 pm (UTC)
¿A Jensen se la cayó Jared encima y sobrevivió? ¡Si debe ser algo así como que te aplaste una apisonadora!

Adoro la parte en la que se encuentran Chad y Jensen, mala baba a tope XD seguro que se pelean y quiero ojos morados y Jared teniendo que decidir a quién cuidar (y todas esperamos que sea Jensen, of course)
ronnachu
Jun. 9th, 2008 07:51 pm (UTC)
LOL. Tú piensa que Jensen está acostumbrado a tenerlo encima para cosos menos desagradables fortachón después de convivir con él en Vancouver.

Mal rollo por todas partes, ¡no me digas que no es lo mejor del mundo! xDDDD Tú espera, que tenemos Chad para rato, yay!

Grcias por pasarte!!
jorge_2
Jun. 14th, 2008 12:30 am (UTC)
¡Cómo me gusta! Tanta tensión, resentimiento, y cosas..

Me dejas con ganas de más! Más! MÁAAAAS! *goes insane*

Espero el otro pronto *O*
ronnachu
Jun. 14th, 2008 09:59 am (UTC)
Bwajajaja! *iz evil* ¿A que enganchan, estos dos con sus piques y esa UST que nadie quiere admitir? Yay! Seguramente te traeré un poquito más en algún momento de esta semana ^o^

Muchas gracias!!
deraka
Sep. 9th, 2008 11:03 am (UTC)
EN SERIO ADORO ESTE FIC!! *y a ti más por traducirlo!* Jooooo de verduuuura!! Jared podría ser MAS INOCENTE Y PADATONTOLABA? NO, NO PODRÍA!! ahora es cuando entiendo que todo el mundo diga que este fic es lo más CANON que una puede encontrar. Son así! tal cual! Jo... Jared, adoro cuando no te enteras de nada.
PRIMER ACERCAMIENTO! Jared se le tira encima, ya no sabes que indirecta hacer para que Jen se caiga dela burra y transforme toda su rabia contenida en UST *agita banderitas*. Luego tenemos a ese director tan majo para hacer que Jen se plantee muchas cosas (claro que no le odias, nene, claro que NO!).
Luego vuelve a estar Jared con esa humildad y ese tercer perrito que es AMOOOOOOOOOOORRRR!! y que todos olfateen a Jensen.. jo, es que me lo estaba imaginando a la perfeccion y es tan AWWWWWWWWWWWWWWWW!!
ARGHHHHHH!!! estelar aparicion de Chad para demostrarnos que las cosas pueden joderse AUN MAS señoras y señores!! y ya no sé como decir lo mucho que me mola este fic en serio!! Y cada día te superas... en serio, dices que se te da mal poner palabrotas? pos estan todas cojonudamente bien puestas!! *squeeee*. En cuanto tenga tiempo sigo con los comments!
ronnachu
Sep. 9th, 2008 11:11 am (UTC)
Anda, si ya hay otro xDDDD Pero qué feliz me haces, dude.

Y es que toda la culpa es de Chad xDDDDDDDD ¡Seguro que en el fondo Jared no tuvo nada que ver y Chad conspiraba para separarlos, el muy asqueroso! Jensen con los perros es súper AMOR. No tanto como Jared de inocentón por la vida, awwwww, he's such a dork and i love him so much.

Muchas gracias por comentar, guapísima, hasta el próximo!
( 10 daimonions — Mata un espanto )

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