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Título: El proyecto sin título de Jared Padalecki
Título: El proyecto sin título de Jared Padalecki
Título original: The Jared Padalecki Untitled Project
Autora: sometimesophie
Pairing: Jensen Ackles / Jared Padalecki
Rating: PG-13
Disclaimer: Jensen y Jared no nos pertenecen ni a sometimesophie ni a mí, se pertenecen el uno al otro. La magnífica historia es toda ella obra de la susodicha sometimesophie. Yo solo traduzco y hago squee con su talento.
Resumen: Tras la cancelación de Supernatural, Jensen y Jared no se hablan. Pero una peli es una peli, y a Jensen de verdad que le vendría muy bien el dinero.

~ Capítulo 1 ~
~ Capítulo 2 ~
~ Capítulo 3 ~

El proyecto sin título de Jared Padalecki ~ Capítulo 4

El jueves, Jared le pregunta a Jensen si pueden acabar un poco más tarde – dice que él y Chad han pensado en salir a un chino, y Chad dice que el único sitio de verdad chino está a una hora en coche en la mitad de ninguna parte. Se disculpa, llama a Chad “perra repipi” y se ríe. Jensen se limita a sonreír tensamente, pero se va a casa a las cuatro sin discutir. No es como si quisiera quedarse con Jared, después de todo.

El viernes por la mañana, Jensen tiene a Jared arrinconado contra el muro de su salón, los dedos agarrándole el polo y gruñendo preguntas cerca de su cara. Se atropella con una frase, salta la siguiente línea, y le pregunta a Jared si sabe lo que viene después. Jared dice:

–¿No tiene algo que ver con que yo conociera a Hannah de antes? Ah, ¿y podemos dejarlo a las dos y media? Te juro que el puto Chad es peor que mis perros, tío. No puede ni sentarse quieto solo. Vamos a ir al cine o algo.

Jensen asiente, y sus dedos se tensan brevemente sobre la tela de la camisa de Jared, la sangre escapándose del puño. Se va a casa y no tiene ni idea de qué hacer consigo mismo, aparte de repasar el guión.

El sábado, la llamada de Jared despierta a Jensen.

–Eh, Jen –dice–, siento mucho todo esto. Sé que dijimos que íbamos a ensayar hoy y todo, pero Chad...

Su voz es todo sinceridad y arrepentimiento, y a Jensen le importa una mierda.

–Lo que sea, Jared, coño –dice, cortante–. Vete a jugar con Chad. Hasta esta noche.

–Eh, no, espera –dice Jared, sonando alarmado y algo sorprendido–. Si quieres ensayar, podemos ensayar, Jen. De verdad, preferiría...

Jensen le cuelga y se da la vuelta, volviendo a enterrar la cabeza en la almohada. Cuando el teléfono vuelve a sonar sólo un par de segundos después, fuerte y persistente, maldice, busca a tientas con una mano, y arranca el cable de la pared. Se siente lleno de odio y resentimiento, y no quiere que las disculpas sinceras ni las amables persuasiones de Jared se lo arruinen lo más mínimo.

~

Cuando Jensen se levanta por fin, son más de las doce, y se come sin ganas las sobras frías de la noche anterior mientras se mete la segunda taza de café entre pecho y espalda, compadeciéndose de sí mismo y muy irritable. Sigue odiando a Jared, sabe que le odia, y el hecho de que desde que Chad Michael Murray haya llegado sus pensamientos se hayan vuelto de niña de doce años a lo “está alejando a Jared de mí”, solo significa que odia aún más a Chad. Y eso está bien, se dice a sí mismo; puede que Jared se haya ido de Supernatural, pero Jensen siempre sospechó que Chad era un poco gilipollas. Hay que reconocer un poco la continuidad.

En medio de la mesa de la cocina hay un trozo de papel con las palabras Sábado, 8.30, Marlowe’s escritas con bolígrafo rojo, y Jensen lo mira fijamente durante un largo momento, preguntándose si alguien le creería si dijera que estaba enfermo. Luego se enfada porque Andrew ha preparado la cena para él tanto como para Jared, y no hay manera de que vaya a quedarse sin ir solo porque Jared ha decidido que era una condenada invitación abierta y haya metido a Chad. Claro, que Jensen no quiere sentarse en frente de Chad y tragarse su mierda educadamente toda la noche, incapaz de responder en consecuencia (con un puto puñetazo en la mandíbula) porque están en medio de uno de los restaurantes más elegantes de Los Angeles, con Jared a un lado y Andrew al otro.

Solo hay un modo de equilibrar la balanza, piensa, y lleva eludiendo la idea un rato, sin considerarla por completo hasta la llamada telefónica de Jared esa mañana, y tiene el teléfono en el oído y marcando antes de que la fría racionalización tenga la oportunidad de enterarse de qué pasa.

–Chris –dice, con una sonrisa al manos libres, cuando por fin responden al otro extremo–. ¿Quieres venir a una doble cita conmigo esta noche?

Y es una mala idea, una muy mala idea, y lo sabe, pero no consigue que le importe.

~

Ya llegan quince minutos tarde para cuando el Mustang de Jensen entra por fin al aparcamiento de Marlowe’s.

Chris llegó con pantalones y chaqueta negros y formales, el pelo apartado de la cara con gel y la mandíbula áspera por la barba de varios días, con cinco minutos de antelación, y se pasó esos cinco –más otros diez añadidos– insultando a Jensen y a la familia de Jensen a gritos y con “Date prisa, gilipollas” desde la cocina, mientras se tomaba una cerveza con los pies sobre la mesa.

Jensen se afeitó y deseó inmediatamente no haberlo hecho, porque la sombra de un día lo hacía parecer un maldito veinteañero. Luego se probó los pantalones y la chaqueta formales, de un gris metálico y algo desgastados por el uso alrededor de las rodillas y los codos, antes de darse cuenta que era posible que Jared los recordara por ser los mismos que llevaba hacía dos años, y ¿no sería ese el recordatorio perfecto de quién no tenía dinero y quién tenía una carrera que no paraba de mejorar? Así que se cambió, pero ni sus vaqueros y camisa más elegantes eran lo suficientemente elegantes para Marlowe’s, y lo sabía, así que volvió a cambiarse con resignación –que jodan a Jared de todas formas, no es como si a Jensen le importara su opinión– y en su lugar había empezado a luchar con el pelo, que simplemente no colaboraba.

Cuando por fin estaba listo, ya llegaban diez minutos tarde, Chris no dejaba de decirle que era una chica y Jensen no se sentía cómodo en su propia piel. Luego se encontraron un atasco de camino al centro, perdieron otros cinco minutos, y Jensen tenía la sensación de que había estado maldecido desde el principio.

En recepción, preguntan por la mesa de Andrew Mannings y una preciosa camarera de unos treinta y tantos años les sonríe sin flirtear y les dice que la sigan. Pasan mesa tras mesa llena de los más famosos: hombres de negocios anónimos con chicas en los brazos y cigarrillos entre los dedos, abogados de alto nivel, agentes sonriendo con dientes blanqueados y ojos agudos, bellos rostros famosos del cine y la televisión. Abruma un poco a Jensen pensar que esa es la clase de compañía que tiene hoy en día, y se alegra de corazón de que Chris esté justo tras él.

Jared y Chad están sentados uno al lado del otro en la mesa cuando llegan, riéndose de algo de la lista de vinos. Cuando Jared alza la vista y los ve, frunce el ceño durante un segundo al mirar tras Jensen el lugar en que está Chris, pero en un momento está de pie y sonriendo ampliamente y Jensen casi podría pensar que se lo ha imaginado.

–Jen, Chris, hola –dice con facilidad, pasándose una mano por el pelo–. No estábamos seguros de que fuerais a aparecer.

–Casi no lo hacemos –dice Chris con una sonrisa y una ojeada hacia Chad, que está reclinado en su silla mirándolos a los dos de mala uva.

–Sí, lo siento –dice Jensen, dedicándole una mirada de advertencia a Chris y retirando su silla para sentarse–. El tráfico era una mierda. ¿Andrew no ha llegado todavía?

–Oh –dice Jared–. En realidad no va a venir. Me ha llamado esta mañana para decírmelo. Hay algún rollo del estudio ejecutivo que han adelantado y no puede escaparse, parecía bastante cabreado–. Inclina la cabeza para volver a mirar la lista de vinos, se encoge de hombros de modo casi avergonzado y dice–: Quería que te pasara el recado, pero no creía que fueras a venir si lo hacía.

Jensen se lo queda mirando anonadado, incapaz de pensar en cualquier cosa que no sea un “¿Eso creías, gilipollas?”. La sola idea de que Jared le habría hecho venir solo a una cena con él y Chad Michael Murray es casi suficiente para que quiera levantarse e irse ahora mismo, porque Jared sabe exactamente cómo se siente respecto a ambos, y la situación se acerca a la puta crueldad.

Gracias a Dios que Chris está aquí, es todo lo que puede pensar.

Se queda sentado, hirviendo en silencio, y es Chris el que termina aceptando la sugerencia de Jared sobre el vino aunque la pregunta no estuviera dirigida a él. Cuando la camarera regresa con dos botellas, Jensen se traga medio vaso sin saborearlo de verdad y solo desearía no tener que conducir esa noche.

Abren los menús y Jensen casi se muerde la lengua cuando echa un vistazo a los precios. Intercambia una mirada por el rabillo del ojo con Chris, repasa rápidamente la lista de precios y escoge el carnero, que es unos diez dólares más barato que la tortilla de trufa pero sigue sumando más o menos la cantidad que pagó como entrada del coche.

–Deberías probar la sopa de langosta –le dice Jared, inclinándose sobre la mesa y acercándose a Jensen para señalársela en el menú. Jensen puede oler su loción de afeitado, cara y sutil–. Es increíble, tío.

La langosta es unas tres veces más cara que su carnero, y Jensen emite un sonido indefinido y toma otro sorbo de vino.

–Bueno, Chris –dice Jared–. ¿En qué has andado metido desde la última vez que te vi?

Chris se encoge de hombros y se reclina en la silla.

–No mucho. Un poco de esto, un poco de aquello. He grabado un par de canciones hace poco.

–¿Sí? Suena bien –dice Jared, mientras Chad pregunta amablemente “¿Algo que merezca la pena esta vez?”, la comisura de los labios elevándose discretamente.

Chris observa perezosamente a Chad durante un momento, y luego se encoge de hombros.

–La gente con la que he hablado parece pensar que sí. Pero, claro, quién puede fiarse de un crítico, ¿verdad? Diablo, he leído algo sobre tu última peli, y joder, tío, sí que era divertida. Pero estás haciendo otra, ¿no? Así que no puedes haberte tragado lo que decían. Y eso es bueno. Es una verdadera lección, ¿sabes? –Chris sonríe con sus dientes blancos y un aire de “que te jodan”, y Chad se lo queda mirando, los labios apretados y las manos convertidas en puños sobre el liso mantel color crema.

–¿Pedimos? –pregunta Jared amablemente, y una diminuta camarera morena parece materializarse a su lado en cuanto lo ha dicho. Le sonríe educadamente, y observa su perfil cuando él baja la mirada al menú.

–Tomaré el bísquet –dice, señalándolo.

La chica lo apunta cuidadosamente con un algo jadeante “Sí, señor Padalecki”, y a Jensen le cuesta mucho no poner los ojos en blanco.

Chad pide filete, Chris el carnero, y cuando Jensen dice “Tomaré lo mismo, gracias”, Jared dice:

–¿Carnero, tío? Venga. Ve a por la sopa.

Jensen sonríe tensamente y repite con firmeza.

–Carnero para mí, gracias –dice a la camarera, que está mirando a Jared con aire ensimismado.

–Tomará el bísquet –dice Jared, sonriendo, y le guiña un ojo. Jensen rechina los dientes.

–No lo haré.

–En serio, Jen –dice Jared, desechando su comentario con un movimiento de la mano–. Es impresionante. Pruébalo. No te arrepentirás.

Y es ridículo, porque por supuesto que Jensen no quiere el maldito carnero, pero tiene los hombros tensos y le duele la mandíbula y palpa la violencia dentro de su pecho y Jared Padalecki puede ser un jodido gilipollas algunas veces.

–No –dice con fiereza–. Quiero el puto carnero, Jared. Puedo pedir yo solito, así que déjalo de una maldita vez.

La mesa se queda en un incómodo silencio durante un momento. Jared frunce el ceño, con aspecto algo herido, luego se encoge levemente de hombros y dice por lo bajo “Está bien, el carnero. Seguramente es igual de bueno”.

Chad sonríe con superioridad desde el otro lado de la mesa, y Jensen se esfuerza mucho por ignorarle.

La conversación queda suspendida tras el incidente –tampoco es que fuera muy buena para empezar– y cuando la comida llega, la toman en silencio. La sopa de Jared huele a gloria, y Jensen mueve el carnero alrededor de su plato, sin mucha hambre ya.

Más tarde, tanto Chris como él rechazan el postre y observan cómo Jared y Chad atacan un pastel de bonoffee y una tarta de lemon curd respectivamente, señalando y riéndose de algo al otro lado del restaurante, tras la cabeza de Jensen. Jensen aprieta el vaso de vino con fuerza y no se gira para mirar, se limita a beber un poco más, hasta que se siente lo suficientemente mareado como para saber que necesita café.

La cuenta llega con unos pequeños bombones mentolados envueltos en papel de plata y unos cafés humeantes. Jared ni siquiera la mira, sólo coloca la tarjeta en la pequeña bandeja sin comentarios, lo que saca a Jensen de sus casillas.

–¿Puedo verla? –pregunta, con la mano extendida, y Jared lo observa un momento antes de encogerse de hombros y empujarla hacia él.

Solo el vino cuesta más de quinientos dólares, y Jensen recuerda con culpabilidad la cantidad que se ha tragado sin siquiera saborearla antes. Añadiendo cuatro platos y dos postres, Jensen no está seguro de que su tarjeta de crédito esté en condiciones de ocuparse de la mitad. Está decidido de todas formas, porque él y Jared son iguales, a pesar de lo que todo el mundo parezca pensar.

–Yo pago la mitad –dice, rebuscando la cartera en el bolsillo trasero.

Jared y Chad se le quedan mirando, y Chris le da una patada en la espinilla por debajo de la mesa.

–Eh, no, tío –dice Jared–. Yo invito.

–Insisto –dice Jensen, y Jared lo mira dudando, de tal forma que Jensen sabe que está pensando en el incidente carnero/langosta, y no está del todo seguro de hasta dónde puede estirar.

Él pone la tarjeta de crédito sobre la bandeja, junto a la de Jared, y dice “en serio”.

–Jensen –dice Chris abruptamente, y se levanta–. Necesito hablar contigo.

Jensen duda y Chris dice “ahora”, poniéndole una mano firme bajo el codo y sacándolo del asiento. Echa un vistazo hacia Jared y Chad.

–Estaremos con vosotros en un momento, chicos –y arrastra a Jensen en la dirección de la señal que dice Baños.

–¿Qué demonios te crees que estás haciendo? –pregunta con fiereza, empujando a Jensen contra los lavabos–. No puedes permitirte pagar la mitad de eso. Joder, no puedes permitirte una puta cuarta parte.

–Sí que puedo –contesta Jensen, cabreado.

–No estamos considerando la posibilidad de vender un riñón, idiota. ¿Has perdido completamente la cabeza?

–No voy a dejar que Jared lo pague entero.

Chris niega con la cabeza y lo mira con frustración.

–Jared puede permitirse comprar el condenado restaurante, ni te digo ocuparse de una cena. Y quiere hacerlo, joder, se ha ofrecido, así que déjale.

–No voy a ser... Jared no va a alimentarme y darme de beber, ¿vale? –suelta Jensen entre los dientes apretados–. Tú no tienes que trabajar con él, tío. No voy a ser la... la condenada chica de nuestra relación. De ninguna puta manera.

–¿Qué relación? –pregunta Chris, con una mano agarrándole el hombro con fuerza como si quisiera zarandearlo–. No tienes ninguna puta relación con ese tío. Cualquier cosa que pasara entre vosotros dos terminó hace cinco años, ¿te acuerdas? Le odias, Jensen, así que ¿qué coño te pasa?

Jensen cierra los ojos y se apoya en los lavabos, respirando regularmente, inspira, espira. Hay un dolor de cabeza formándose justo tras sus sienes y Chris tiene razón, Jensen sabe que la tiene, y solo quiere salir de aquí de una puta vez. Nunca quiso venir en primer lugar.

–Sí –dice suavemente–. Sí, vale.

Hay una pausa, y la mano de Chris se relaja en su hombro.

–Gilipollas cabezota –dice con cariño, ya sin la amargura de antes. Luego–, vamos –pasa un pesado brazo por los hombros de Jensen y lo acompaña lejos de los lavabos y hacia la puerta.

De vuelta en la mesa, la tarjeta de Jensen sigue en frente de su sitio y Jared está sentado con rigidez, aire desafiante en el rostro y un reto en los ojos.

–Yo invito –dice con firmeza.

Pero se remueve en la silla y parece que quiera abrazarse el pecho para protegerse de la reacción de Jensen. Él se limita a suspirar con cansancio, sintiéndose algo avergonzado; sacude la cabeza y dice “sí, gracias, Jared”.

Chad lo mira con ojos demasiado atentos, y Jensen está perfectamente contento de despedirse apresuradamente y seguir a Chris fuera del restaurante, hacia el frío aire nocturno.

~

La mañana siguiente y la cabeza de Jensen sigue doliendo sordamente, así que se toma dos aspirinas, se traga un vaso de zumo de naranja y empieza a sentirse vagamente humano para cuando el móvil empieza a vibrar justo a las once y media.

Hay un corto silencio, y luego:

–Hola, Jensen.

–Jared.

Hay otra pausa y Jensen piensa que esto puede ser lo más incómodos que han estado nunca el uno con el otro y no está del todo seguro de por qué. Tal vez porque, por una vez, Jared no está llenando alegremente cada pausa en la conversación, y Jensen se esfuerza por pensar en algo medianamente inteligente que decir.

–¿Se ha ido ya Chad?

–Sí –dice Jared, y se oye su respiración por la línea del teléfono–. Eh, me estaba preguntando si te apetecía pasarte. Tal vez repasar un par de escenas y compensar el tiempo que hemos perdido esta semana. ¿Qué opinas?

Jensen nunca tiene planes en domingo, pero no está dispuesto a dejar que Jared se entere de eso. Ha sido él quien no ha querido practicar esta semana, y que le ahorquen si va a dejarle dictar su horario como le apetezca.

–Nah, lo siento. Ocupado. Chris y yo íbamos a dar una vuelta.

–Oh –dice Jared, y Jensen no cree estar imaginándose la decepción en su voz–. Está bien. Solo creía que, ya sabes, como empezamos a filmar el lunes quizá deberíamos... Da igual. Era estúpido. Te veo el lunes por la mañana entonces, ¿eh?

–Sí –dice Jensen, y se siente como un cabrón–. Sí, hasta entonces.

Cuelga, se mete el teléfono en el bolsillo trasero, y empieza con la colada. Diez minutos más tarde se detiene, vuelve a sacar el móvil con las manos jabonosas y pulsa Rellamada.

–¿Cuándo querías quedar? –pregunta, y ojalá tuviera un poquito más de convicción.

~

Jared quiere hacer la escena veintiuno – ice que todavía no la han hecho entera  y Jensen está de acuerdo, siempre y cuando a Jared no se le ocurra que va a dejarse atar. Jared le sonríe ampliamente y colocan las sillas en el salón con el primer silencio remotamente cómodo que han compartido desde que Jensen llegó a la una en punto.

–Eres un cabrón –dice Jensen, con la voz de Dave, sentado incómodamente recto en la silla del centro del cuarto, los brazos alrededor del respaldo y los tobillos contra las patas de la silla. Piensa en las cuerdas y se pelea un poco contra la presión imaginaria–. No vas a salirte con la tuya en esto, ¿me oyes? –hace una pausa, y luego–: Tom, maldito cobarde, suéltame –dice, y la última parte se hace levemente más aguda, casi como un ruego.

Jared está tras él cuando dice:

–Lo estabas pidiendo, Dave –quedo y suave, y Jensen lucha un poco más y gruñe de frustración cuando las cuerdas de su mente no ceden.

–No puedes ir en serio con esto –dice, casi lloriqueando, y es desesperación lo que debería estar sintiendo ahora, pánico creciente–. Me matarán, Tom. Sabes que lo harán. Si me encuentran así me pondrán una pistola en la cabeza y dispararán. Joder. Van a esparcir mi cerebro por toda la puta pared –está respirando con más pesadez ahora, y murmura–: Oh, mierda –con voz quebrada y tensa, se revuelve un poco más, y se pregunta cómo sería saber que estás muerto antes de que nadie apriete siquiera el gatillo.

Jared se mueve tan suavemente que es casi una sorpresa cuando roza el brazo de Jensen al pasar, los dedos sobre el brusco ángulo del hombro durante un momento, y Jensen odia ese roce más que cualquier otra cosa –sabe que Dave querría morder y escupir y maldecir para alejar al puto Tom de él porque a Dave no le gusta que le toquen ni en el mejor momento, y lo único que hace esto es agravar la traición– y se aparta de él, las manos separándose a su espalda momentáneamente.

Si Jared se da cuenta, no hace ningún comentario, y observa amargamente a Jensen durante un momento largo y desagradable. Hace que Jensen quiera retorcerse y alejarse de su consideración, y se revuelve un poco, traga saliva, y le devuelve una mirada asesina.

–Tiene que ser así –dice Jared, su voz aún suave, y se acuclilla al lado de Jensen, una cálida mano cubriéndole la rodilla, y el muslo de Jensen tiembla de espasmo con la necesidad de apartarse. No habían hablado de esto –de estos tocamientos, y Jensen siente el calor y la incomodidad, no del todo seguro de si este es Tom o Jared, y ambos le ponen ligeramente nervioso.

–No –suelta entre los dientes apretados–. De veras, de veras que no tiene que ser así.

–Sí tiene –dice Jared firmemente–. Es el único modo de que pueda atrapar a estos tíos. Lo siento.

–Y eso hace que esté bien, ¿no es así? –pregunta Jensen, furioso–. ¿Porque lo sientes? Déjame contarte un poquito de lo que es sentirlo. Siento haberte conocido. Siento haberte ayudado. Y de verdad, de verdad que siento haber confiado en ti lo suficiente como para pensar que eras mi maldito amigo. Puto bastardo traidor.

La expresión de Jared se hace más dura, y si logran captar eso en la película, hará que la escena entera merezca la pena, piensa Jensen. Sus dedos aprietan la carne de Jensen, presionando los tendones tras la rodilla de Jensen, y él se muerde la lengua, enfadado e impotente pero no es de verdad. Siente la boca seca y cree que la aspirina está empezando a perder efecto.

–Lo siento –vuelve a decir Jensen, con un aire de finalidad, y casi enfadado. Se levanta suavemente y se aleja con rigidez hacia un lado –fuera de la escena– donde Jensen puede verlo relajarse por el rabillo del ojo; Jared de nuevo, en lugar de Tom.

Pero Jensen sigue enfocado, y se remueve contra las ataduras imaginarias, maldiciendo y frustrado y cabreado y asustado. La escena termina cuando se derrumba completamente, y Jensen puede verla mentalmente: los involuntarios y asustados intentos de librarse debilitándose gradualmente, la cabeza bajando lentamente hacia el pecho, los hombros empezando a temblar de los sollozos; mientras la cámara se aleja lentamente hacia arriba, alejándose de él, y la imagen se hace negra. Puede verlo, pero no puede sentirlo, y hay algo que no funciona y lo frustra.

De repente unas manos grandes y fuertes están rodeando sus muñecas, sujetándole las manos unidas tras la espalda, y la voz de Jared es un cálido susurro en su oreja.

–Revuélvete contra mí –dice–. Será mejor, ya verás.

Y Jensen ya está tratando de alejarse de él, aunque no tiene nada que ver con el consejo de Jared; gira las muñecas casi dolorosamente atenazadas por Jared, mientras busca con los pies la fuerza suficiente para alejarlo de él. Pero Jared no cede y el ritmo cardiaco de Jensen entra en pánico y lucha contra él con una desesperación real que no ha sentido en mucho tiempo.

–Aléjate –dice–. Aléjate de mí, Jared, en serio. No...

–Relájate, Jen –dice Jared, suave y rápido y cuidadoso junto a su oído–. Eres Dave y tu mejor amigo te acaba de atar en un sótano. Crees que vas a morir. Crees que Tom te ha traicionado y la puta verdad es que no quieres morir pero no puedes soltarte y vas a morir si no lo haces. Estás asustado y estás enfadado y simplemente no hay salida. Piénsalo así, Jen. Estás en un sótano y estás atado. Nada más.

Y Jensen vuelve a tener la imagen en la mente, esa cámara alejándose hacia arriba, y retuerce las muñecas un par de veces más contra la tenaza imperturbable de Jared y se siente como un puto fracasado. Se siente solo e impotente y jodidamente desgraciado.

–Vale –dice, suavemente, y se desploma hacia atrás en la silla–. Vale, Jared. Lo pillo. Es suficiente.

Jared lo suelta lentamente y Jensen lleva las manos al frente, el corazón aún latiendo con fuerza en el pecho aunque su respiración se ha hecho regular, y se mira sus dedos un momento. Luego se levanta.

–Te veo mañana –dice casualmente, y Jared asiente, frunciendo un poco el ceño.

Lo acompaña a la puerta, la abre, y se apoya contra el marco.

–¿Estás bien, Jensen? –pregunta. Él asiente mirando el salón y se encoge de hombros–. A mí me tuvieron que atar en una peli una vez, y mi entrenador hizo eso y entonces todo fue bien, ¿sabes? He pensado que podría ayudar.

Jensen sonríe tensamente y asiente, pero no dice nada. Murmura una despedida sin mucha atención y baja los escalones del porche, entra al garaje y a su coche. Encendiendo el motor, se queda en el asiento del conductor durante un momento; luego pone las manos sobre el volante y da marcha atrás para salir. Tiene que agarrarse al volante con mucha fuerza para que no le tiemblen las manos.

~



~ Capítulo 5 ~



PS.
deraka y ronnachu. Otepé forever and ever, bitches. Punto. Y con la intención de hacer campaña en los LaifChurnal Aguards *se aleja silbando*

Comments

( 12 daimonions — Mata un espanto )
deraka
Jun. 15th, 2008 01:37 pm (UTC)
OYE AUN NO LO HE LEÍDO PORQUE ENTRE UNA COSA Y OTRA ME HAN LLAMADO A COMER, SIMPLEMENTE VENGO A ANUNCIARTE UN PAR DE ENTRADAS QUE TIENES QUE LEER SI O SI!
http://rhea-carlysse.livejournal.com/451907.html#cutid1
y
http://community.livejournal.com/teh_evil_bunny/81872.html?#cutid1

DISFRUTALOS!! YA HAREMOS SQUEE EN EL GMAIL Y YA ME PIRO QUE ME GRITAN DESDE EL PISO DE ABAJO. XD
ronnachu
Jun. 15th, 2008 01:39 pm (UTC)
VALE QUE TE APROVECHE LA COMIDA LUEGO TE HAGO SQUEE POR EL COSO DE GOOGLE
raintofall
Jun. 15th, 2008 03:26 pm (UTC)
YAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAY!!! se pone interesante!!
ronnachu
Jun. 15th, 2008 03:38 pm (UTC)
Y ya tenemos tocamientos y todo! Yay!!
jorge_2
Jun. 15th, 2008 06:35 pm (UTC)
*da vueltas por toda su habitaciòn*

YA TENEMOS TOCAMIENTOS!!!!!! OMG!!
NNGGGHH!! ESTO ES MÀS ADICTIVO QUE EL MISMÌSIMO P0RN!!


*muere*
ronnachu
Jun. 15th, 2008 07:54 pm (UTC)
Lo sé, lo sé, ¡LO SÉ! Es impresionante que esta tía nos haga querer seguir adelante en una historia en que NO NOS DAN P0RN. Seguramente usa magia negra o algo.

Muchas gracias por pasarte!! *lo zarandea para que resucite*
purple_allure
Jun. 15th, 2008 08:31 pm (UTC)
Cada vez que veo que has traducido y publicado siento como me posee el espíritu de Palito Ortega y me pongo a cantar: La felicidad, ah, ah, ah, aaaaaaaaaah
Gracias por tomarte la molestia de traducir ^___________________^
ronnachu
Jun. 16th, 2008 07:55 am (UTC)
xDDDDDDDDDDDDDDDDDDD

Sólo por esa imagen mental, seguiré traduciendo xDDD Muchísimas gracias por comentar!
anamistica
Jun. 15th, 2008 10:27 pm (UTC)
Este fic me hace hiperventilar con tanta rabia y con tanto nervio y esos tocamientos "inocentes".... me matas!!!!!

ronnachu
Jun. 16th, 2008 07:57 am (UTC)
Eso, eso, échame las culpas a mí, ¡si yo soy una damnificada! ¡Yo quiero remuneración económica por toda la deshidratación que estoy sufriendo en forma de babas! *se indigna*

Gracias por pasarte!
cyranabergerac
Jun. 22nd, 2008 10:46 pm (UTC)
UFF, UFF JARED "ATA" A JENSEN A LA SILLA!!!!

Si reacciona así Jensen por tan poco, cuando empiece lo interesante implosionará :D
ronnachu
Jun. 23rd, 2008 09:16 am (UTC)
Y ESA ESCENA TIENE QUE RODARSE CON CUERDAS DE VERDAD, DUDE! Implosióoooooooon *da vueltas*

PS. Cyranaaaaaaaaa, dónde te has metido, tú, que te echaba de menos! *le pincha la nariz*
( 12 daimonions — Mata un espanto )

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